Mediados de abril, los días pasan, las semanas acompañan. Mi segundo hijo ya tiene seis meses y el tiempo está volando a una velocidad notable. Como suelo decir “el tiempo pasa rápido aunque los días se hagan eternos”. Y así es como con un “día de la marmota” con ligeros cambios de guion van pasando las jornadas. No me quejo, de hecho siento que estoy viviendo una segunda paternidad con más consciencia, más presencia y más disfrute. Quizá la experiencia acumulada y la inicial pretensión de que será la última. En cualquier caso, reitero, la estoy gozando, intentando capturar cada momento que comparto con mi hija y mi hijo.
Debo explicar, con orgullo y alegría, que recientemente he retomado el hábito y el gusto por la lectura. A partir de escuchar, por enésima vez, el relato “El barril de amontillado” del ilustremente oscuro Edgar Allan Poe me decidí a releer relatos de H.P. Lovecraft (y de Poe, cómo es lógico). Comencé, como no podía ser de otra manera, con el magnífico “La llamada de Cthulhu” y seguí con “El color surgido del espacio”. Lecturas breves, aunque densas y con un estilo muy particular que caracteriza lo Lovecraftiano. A esos le siguió “El modelo Pickman”, que continuó calando peligrosa y profundamente en mi psique.
Decidí hacer un alto en las lecturas de Lovecraft por una recomendación de un buen amigo mío. Éste me recomendó un relato breve de Philip K. Dick llamado “Autor, autor”. Lo devoré con bastante ansia e interés y quedé muy satisfecho tanto con la narrativa como con la temática del mismo. Con la auto-promesa de leer alguna obra más de K. Dick, regresé a la lectura de otra obra del autor de los mitos. En estos momentos ando enfrascado, y enganchado, a la lectura de “El caso de Charles Dexter Ward”. Que aunque inicialmente amenazaba con saturarme con el estilo indescriptible de Lovecraft y con su siempre alusión a lo incomprensible, lo inenarrable y lo que no debería ser dicho, explicado, visto o contactado; consiguió ir acrecentando mi interés por la trama de la historia y ahora me hallo a ella enganchado.
En relación a eso, vienen a mi mente una gran cantidad de cosas que me gustaría hacer o retomar. Por ejemplo, continuar con la historia de rol en solitario que inicié con el sistema de Trey. Ahora que ya cuento con unos dados específicos para tal fin, de una belleza remarcable, me gustaría poder encontrar algún espacio en la noche en el que ponerme música inquietante y lanzar al bueno de Michael Miller a la búsqueda y ayuda de su amigo desaparecido. Otra cosa que me gustaría hacer sería comenzar un juego epistolar con aquellos de mis sobrinos que se presten a ello. Sería cuestión de enviar una misiva a cada uno con instrucciones y la primera carta del juego para iniciar tal entretenimiento. Para ese fin cuento con el gran juego “De profundis, cartas desde el abismo” que hace más de veinte años jugué por primera y última vez. Otro divertimento ya olvidado que me gustaría retomar es el de escribir. Con suma facilidad me visitan ideas e imágenes que con poco esfuerzo se convierten en narraciones. Debería aprovechar esa capacidad para escribir historias. Quién sabe, quizá podría hasta retomar, revisar y terminar la novela que comencé hace ya más de veinte años.
Sin duda Lovecraft está despertando en mí todo un amor literario y un deseo de escribir que hacía años que no experimentaba. Será cuestión de tiempo ver si esas semillas horrendas plantadas por el inmortal autor de Providence germinarán en múltiples empresas y obras que pueda disfrutar y compartir por aquí y otros medios. Se despide este aprendiz de escritor de lo oscuro.

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