Este no es el primer post del año, pero como si lo fuera. En este caso es el primero después del paso de las navidades y de toda la vorágine de regalos, desorden y el estrés combinado por la nueva paternidad, estar con la crianza 24/7 y la falta de espacios de calidad para uno mismo. Ahora mismo estoy escribiendo esto mientras la niña está en el cole, después de haberla dejado a las 15h y antes de tener que salir a recogerla a las 16.15. Mientras, ya he tendido una lavadora porque aunque me había propuesto escribir este post para ver si consigo que me quite un poco de estrés he ido a la cocina y me he encontrado con la lavadora, que ya ni recuero a qué hora había terminado esta mañana. Así que por suerte ha sido una de sábanas y toallas, rápida de tender.
Ahora me siento de nuevo en el sofá, ni siquiera en mi escritorio que está lleno de cosas, con los Redmi buds 6 (regalo de navidad, que jubila a mis buds 2) y música tranquila de piano de Omar Efendaque. ¿Mi mujer y el bebé? Pues en la habitación, que se han ido a las 14h, espero que durmiendo de una manera más o menos seguida y que permita a mi señora recuperar la energía y el humor que esta noche ha perdido (como tantas otras).
Las navidades también me han dejado un nuevo reloj de manecillas de la marca china Lige. En este caso es de cuarzo, con la caja y la esfera en color negro y las manecillas de minutos y horas en blanco. El segundero, en cambio, es de color verde, dándole un toque bastante curioso al reloj. También cuenta, al lado las tres, de un cuadradito blanco con el número del día en negro. Lo que me está gustando más de los relojes de manecillas es la percepción del tiempo que me dan. En un vistazo rápido puedo saber si me queda tiempo, o no, para tenerme que preparar para recoger a la niña. Es decir, teniendo en cuenta que tenga una idea de la hora en la que estoy después solamente tengo que mirar por una fracción de segundo a las manecillas y la de los minutos me indicará, situándola en la circunferencia, en qué hora aproximada estoy. No sé si me explico o si es una fumada considerable que me estoy pegando pero ahora mismo al pegar un vistazo sé que estoy casi en menos cuarto y sé que me queda algo más de un cuarto de hora para que sean las cuatro de la tarde. A esa hora me toca ponerme en marcha y preparar la merienda de la niña porque cuando la recojo después vamos al parque y siempre sale preguntando qué comida llevo… En qué nos convertimos los padres… En mero medio para la subsistencia y el desarrollo de nuestra descendencia. Se me está haciendo un poco cuesta arriba, la verdad, tengo que cambiar el chip y simplificar más las cosas. No puedo tomarme el lujo de pensar en mis cosas, en mis proyectos, en aprender… Parece que ahora mismo es la última de las prioridades. Al menos me consuelo pensando que es algo temporal, aunque sea un temporal que dure años. Lo que a veces me preocupa es pensar en qué me habré convertido cuando llegue ese momento, en qué quedará de mí.

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